Palabras de charadas de animales
60 palabras de charadas de animales listas para jugar: fáciles para los niños, difíciles para los adultos, y un truco para actuar cada una sin hacer ruido.
Los animales son la categoría con la que casi todo el mundo aprende a jugar charadas, y hay una razón práctica: son las únicas palabras que ya sabes actuar antes de que te toque el turno. Nadie necesita explicarte cómo se mueve un mono, ni qué cara pone un perro cuando quiere salir a la calle. Por eso funcionan tan bien en una mesa mezclada —abuelos, primos, niños de seis años que todavía no leen de corrido—: quien actúa no tiene que pensar en una estrategia, solo tiene que exagerar. Las 60 palabras que siguen salen de la categoría gratuita de Cartegorías y están pensadas para leerse en voz alta o repartirse en papelitos. Vienen mezcladas a propósito: animales de granja que adivina cualquiera, insectos que obligan a inventar un gesto desde cero, y bichos de mar que casi siempre terminan en carcajada porque nadie sabe muy bien cómo se mima un pulpo.
60 palabras de animales
- Abeja
- Águila
- Araña
- Ballena
- Búho
- Caballo
- Camaleón
- Camello
- Canguro
- Caracol
- Cebra
- Cerdo
- Ciervo
- Cisne
- Cocodrilo
- Conejo
- Cuervo
- Delfín
- Elefante
- Flamenco
- Gallina
- Gato
- Guepardo
- Hámster
- Hiena
- Hipopótamo
- Hormiga
- Iguana
- Jabalí
- Jaguar
- Jirafa
- Koala
- León
- Leopardo
- Llama
- Lobo
- Loro
- Mapache
- Mariposa
- Mono
- Mosquito
- Oso
- Oveja
- Paloma
- Pato
- Pavo real
- Perezoso
- Perro
- Pez
- Pingüino
- Pulpo
- Rana
- Ratón
- Rinoceronte
- Serpiente
- Tiburón
- Tigre
- Tortuga
- Vaca
- Zorro
Cómo actuarlas
El truco con los animales es no empezar por el animal. Empieza por dónde vive y cómo se mueve: dos pasos de vuelo antes de la cara del ave, un arrastre en el piso antes de la lengua de la serpiente. El grupo acierta el hábitat en tres segundos y de ahí saca el resto casi solo. Y cuando te toque un animal que se mueve poco —una abeja, un caracol, una hormiga— actúa el tamaño en vez del movimiento: encogerte hasta el piso se lee más rápido que cualquier imitación.
Cómo repartir los 60 por dificultad
No todas estas palabras pesan igual. Vaca, perro, gato, elefante y serpiente las adivina un niño de cinco años en menos de diez segundos: son la mitad fácil de la lista y sirven para arrancar la partida sin que nadie se sienta perdido. La mitad difícil es otra cosa. Perezoso, camaleón, jabalí, guepardo y mapache obligan a actuar una característica en vez del animal entero —la lentitud, el cambio de color, la velocidad— y ahí es donde se ganan los puntos. Si juegas con edades mezcladas, reparte a propósito: las fáciles para los más chicos, las difíciles para los adultos que llevan toda la noche diciendo que esto es un juego de niños. Y si quieres que la ronda dure, alterna una fácil y una difícil en lugar de agrupar por nivel; el ritmo del juego se cae cuando tres palabras imposibles caen seguidas.
Variantes que solo funcionan con animales
La categoría se presta a reglas que no tendrían sentido con películas o profesiones. La primera es 'solo sonidos': el que actúa no puede moverse y únicamente puede hacer el ruido del animal, lo que convierte a los insectos y a los peces en una tortura deliciosa. La segunda es 'solo manos': nada de cuerpo entero, todo se resuelve con los dedos, y de pronto un cangrejo es facilísimo y una jirafa es un problema. La tercera es el zoológico en cadena, que funciona mejor con grupos grandes: cada persona actúa su animal y además tiene que repetir el de quien pasó antes, así que a la quinta ronda hay alguien intentando ser una abeja, un hipopótamo y un pingüino en veinte segundos. La cuarta, para los más competitivos, es prohibir los animales domésticos: sin perro, sin gato y sin vaca, el grupo se ve obligado a entrar en la mitad difícil de la lista desde la primera ronda.

